De excursión a Amsterdam para descubrir el Foodhallen

Voy a empezar diciendo que cuando alguien me pregunta dónde comer en el centro de Amsterdam, generalmente me quedo en blanco. Es bastante complicado escapar del menú de sopa/ensalada + sandwich, McDonadl’s o el plato de pasta de dudosa calidad. Al fin y al cabo, el centro de la ciudad es una masa de turistas que quieren comer rápido para seguir recorriendo los canales, lo que deja la oferta gastronómica en un segundo plano. Por supuesto tengo mis rincones favoritos del centro, generalmente por la ubicación o las vistas.

Sin embargo, si lo que queréis es ver una parte de Amsterdam más real que los recorridos turísticos, con tiendas de barrio, cafeterías y verdaderos holandeses, os recomiendo dar un paseo hacia el oeste. Entre la  Anne Frank Huis y el Vondelpark, encontraréis el barrio del Oud-west y en su centro, el Foodhallen.

El Foodhallen no es un concepto del que no os hayan hablado antes – aquí mismo Vero os presentó el Papiroen en Copenhague -, pero en Amsterdam es bastante reciente. Tanto los Paises Bajos como Bélgica tienen un auténtico amor por los foodtrucks y la comida callejera, y ahora comienzan a proliferar mercados a cubierto con una propuesta de street food. Acaban de abrir uno en Gante, dentro de una iglesia, y en Amberes hace unos meses que ya funciona su propio foodmarket a cubierto. Podeís estar tranquilos, en cuanto los visite os enseño fotos y os digo qué tal la oferta.

Lo bueno del Foodhallen es que sirve de excusa para organizar una escapada de un día a Amsterdam, y tener una muy buena opción a parte de visitar Brujas, Gante o Amberes. En coche desde Bruselas, se tarda un poco más que a Brujas, algo más de dos horas. También se puede ir en tren desde la Gare Centrale de Bruselas o coger un autobús en Gare du Nord. Si vais en coche, os aconsejo aparcarlo en un P+R, donde junto con el ticket del parking van a daros un ticket de transporte por cada viajero. Si los usáis para ir y volver del centro, ticándolos al subir y al bajar del transporte público, el parking diario os sale por menos de 5 euros. Y luego en Amsterdam hay mil cosas que hacer, aunque yo voy a llevaros directos al Foodhallen, que es a lo que hemos venido.

Lo que más me llamó la atención es la calidad de la comida. El sitio es bonito, es cierto. Está ubicado en una nave industrial, rodeado de un cine, una biblioteca pública, un taller de bicicletas y varias tiendas encantadoras. Las paredes son de ladrillo, con tuberías metálicas a la vista, mesas de madera, carteles de neón y pizarras. Sin embargo, es fácil encontrarte ese tipo de ambientes en Holanda, donde podrías hacer un reportaje fotográfico digno de Pinterest casi en cualquier cafetería.

Lo que no suele ser fácil es encontrar 20 propuestas culinarias vistosas, apetecibles y tan variadas. De todas los puestos que hemos probado allí, aún no he encontrado ninguno que me haya sorprendido negativamente. La calidad de la comida es muy buena: fastfood con buenos ingredientes y preparada al momento. La última vez probamos el puesto vietnamita y, tras esperar 10 minutos, nos sirvieron la comida recién hecha en una gran cesta de bambú alfombrada de hojas de plátano. Y además estaba deliciosas, aunque a mí ya me habían ganado con la presentación.

¿Cómo funciona el Foodhallen? Es muy sencillo. Toda la parte central está llena de mesas y bancos, e incluso puedes sentarte en la barra de alguno de los restaurantes. La comida la pides en el puesto que más te guste y la bebida puedes pedirla en una de las tres barras. Una de ellas, más pequeña y empotrada en uno de los laterales, tiene una carta de cervezas muy interesante y, si le preguntas al camarero, suele acertar con sus recomendaciones. Todos los meses hacen una selección de cervezas locales artesanales y de micro cervecerías holandesas, por lo que te recomiendo ser un poco aventurero.

Lo que me parece más interesante es la idea de poder compartir una comida con amigos y que cada uno pueda elegir su plato favorito de entre tantas cocinas diferentes: india, española, holandesa, vietnamita, japonesa, italiana, francesa, mexicana, turca, griega… Hay un puesto especializado en helados y otro en pastelería francesa. Si sois más atrevidos, hay un Gin & Tonic Bar y un Wine Bar en los que sentarse a pasar la tarde. Los jueves, los viernes y los sábados por la noche tienen música en directo. Y todo eso sin tener que salir del Foodhallen.

Y después un paseo por Amsterdam, unas fotos del atardecer sobre los canales y de vuelta a Bruselas, que aún nos queda mucho por ver.

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