La Fabrique en Ville – brunch en el viejo invernadero

No soy muy de brunch, todo hay que decirlo. Y la verdad es que no entiendo por qué: un desayuno y una comida mezclados, en los que puedes alternar el café y los cócteles. Qué no va a gustarme de esa premisa. No creo que el problema radique en el concepto, sino que más bien viene de las malas experiencias con lo que algunos restaurantes y cafeterías entienden por un brunch y que suele resultar en una especie de desayuno salado, terriblemente caro.

La primera vez que fui a La Fabrique en Ville reservé a primera hora de la mañana. En Bruselas se desayuna bastante bien y me pareció que era mejor no cometer el riesgo de ir a un brunch demasiado cerca de la hora de comer y llevarme la decepción acostumbrada. En realidad, no os voy a engañar, quería ir solo por la ubicación y la decoración. Que tuviesen buen café o no, no era más que un plus a la experiencia. Quién iba a imaginar que me acabarían haciendo crepes en directo.

La Fabrique en Ville está en mitad del escondido Parc d’Egmont – del que espero hablaros otro día-, a mitad de camino entre el Sablon y la Avenida Louise, bajo la imponente sombra del altísimo edificio de The Hotel. Está ubicado en lo que parece el antiguo invernadero del parque, con altísimas puertas y ventanas de madera que ocupan sus dos pisos de altura y que, en los días de calor, se abren de par en par para integrar la terraza con el interior. Está decorado con un estilo actual con toques retro. Las mesas son de madera natural, hay asientos de madera, de rafia, con cojines bordados de paisajes imposibles y menaje de Serax en blanco y negro por todas partes. La entrada y casi cualquier esquina están invadidas por plantas, reforzando el estilo de urban jungle con un impresionante papel pintado con hojas de plantas tropicales que cubre toda la pared del fondo.

Pero creo recordar que más allá del ambiente yo venía aquí por la comida, en concreto un brunch. El lema de la Fabrique es “Brunch is our religion” y se lo toman en serio. La fórmula es sencilla: puedes comer todo lo que quieras y pedir un café, un zumo de naranja o uno detox. Si quieres un coctel o cualquier otra bebida, se paga a parte, pero la fórmula del brunch son 29 euros. Cuando vayas a servirte el almuerzo, lo primero que vas a encontrar es una gran mesa dividida en repostería, quesos y embutidos. A tu derecha, una alacena con bollería y varios tipos de pan, seguida de una nevera abierta con diferentes tipos de leche, fruta cortada y yogures. Si lo prefieres, a tu izquierda hay una cocina de seis fuegos donde dos cocineros encantadores te pueden preparar una tortilla o una creppe a tu gusto. Y tras la mesa se extiende por toda la pared un expositor con bandejas donde vas a encontrar los platos fuertes: huevos revueltos, salchichas, pollo con curri, arroz, ensaladas de verduras… Cada fin de semana el menú cambia de opciones. Creo que jamás he llegado a probarlo todo.

No es que el clima cambie tan rápido en Bruselas. Si te has ido fijando en la diferencia de la calidez de la luz y en la ropa de la gente de las fotos, es porque están tomadas en varias visitas a la Fabrique. Y como ya me considero una experta en el lugar, tengo que hacerte un par de recomendaciones. El brunch solo está disponible los festivos y los fines de semana. El resto de los días puedes ir a desayunar, a comer o a tomar el té. Es obligatorio reservar para ir al brunch. Puedes hacerlo por teléfono o mandando un email, y conviene hacerlo con tiempo. Si vas con niños, su menú son 12 euros. Además, pueden jugar en el parque y, si por desgracia llueve, tienen un cuarto de juegos en la parte superior.

Os dejo un pequeño resumen con la información más importante. Y si os animáis a ir a La Fabrique en Ville, no dejéis de contarme qué tal la experiencia. Quién sabe, tal vez me encontréis allí.

Comments

  1. Responder

    🙂

    Felicitaciones y gracias por el aporte

    Adios

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